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LOS EXPROPIADORES SERÁN EXPROPIADOS
Carlos Ochoa
Las sociedades europeas y luego las americanas se consideraron modernas políticamente, cuando entre otras cosas derribaron las instituciones monárquicas absolutistas, sustituyéndolas por un pacto o acuerdo constitucional. En Venezuela hoy día está en marcha un acelerado plan de concentración de poder en manos del Presidente, que estamos seguros no va a producir un orden nuevo de cosas, sino un retroceso histórico contrario a la modernidad política. La batalla que está librando la alternativa democrática y la sociedad civil en Venezuela, no es otra que la defensa de la modernidad liberal alcanzada por el proyecto de país, que delinearon las constituciones de 1947, 1961 y 1999. La de 1947 que introdujo por primera vez la elección libre, directa y universal, el sufragio de la mujer y el de los analfabetas. La Constitución de 1961 que mejoró y corrigió el proyecto liberal de la constitución de 1947 y derogó la promulgada por Pérez Jiménez en 1953 que era un regreso a la constitución de 1936. Y la Constitución de 1999, que fue la primera en aprobarse en un referéndum consultivo. La pregunta que hay que hacer es ¿por qué en Venezuela se han redactado tantas constituciones? Un punto de partida para entender el problema nos los da el intelectual italiano Norberto Bobbio cuando dice que: “una constitución es un tratado de paz, un acuerdo, una oportunidad de renovación de la cultura política”. Si una constitución es un tratado de paz y Venezuela ha redactado 25 o 26 desde 1811 hasta 1999, puede deducirse que Venezuela ha vivido en guerra mucho tiempo, pero que también los venezolanos somos negociadores de lo transitorio, más no de lo primordial. La constitución verdadera no se negocia, pues contiene los principios básicos, la raíz que nos une. Cada vez que en Venezuela se agotó un proyecto político durante los siglos XIX y XX, el relevo propuso un pacto, un nuevo texto constitucional, que interpretó el momento, sin modificar los principios esenciales que están contenidos en la idea liberal de propiedad privada, expuesta en el texto fundacional de 1811, y en todos los redactados desde esa fecha, incluido el inspirado por Simón Bolívar en 1819 en la ciudad de Angostura.
El país que votó por Chávez en 1998 lo hizo con la esperanza que este detuviera la crisis institucional y económica que produjo el agotamiento del modelo adeco- copeyano, combatiera la corrupción y mejorara la condición social con planes estables de empleo, vivienda y seguridad ciudadana. La nueva dirigencia política desaprovechó la oportunidad de producir un diagnóstico de lo que se alcanzó o no como metas desde 1961, y colocó en saldo negativo las relaciones entre lo público y lo privado, lo individual y lo colectivo de todas las administraciones anteriores, con el objetivo de legitimar el discurso que repite Chávez hasta la saciedad, que en Venezuela no se hizo nada en 40 años y que todo lo va a hacer la revolución que él lidera. Una revolución que tiene como libreto insertarnos en una historia ya conocida de fracasos y que niega la modernidad alcanzada en Venezuela, es una revolución que parafraseando a Federico Engels, le llegará la hora en que será expropiada por quienes a su vez han sido expropiados en derechos y en propiedades.